Arthur Fellig (1899-1968), más conocido como Weegee, era un inmigrante ucraniano que se convirtió en uno de los fotógrafos norteamericanos más famosos. Rastreando cada noche las calles de Nueva York en un desvencijado Chevy de dos puertas equipado con una radio de la policía, Weegee proporcionó a los periódicos, desde 1930 hasta 1940, instantáneas de víctimas de reyertas callejeras cubiertas de sangre, accidentes de tráfico y altercados domésticos.

También fotografió cientos de reveladores imágenes de la vida cotidiana de los ciudadanos ricos y pobres de Nueva York.
El trabajo de Weegee - coleccionado ávidamente tanto por museos como por coleccionistas particulares - fue dado conocer a escala nacional a través de su libro publicado en 1945: Ciudad Desnuda. Uno de sus admiradores es el productor de Expediente-X John Shiban, que en 1998 prestó una reciente compilación biográfica de Weegee a su amigo y compañero de trabajo, el productor co-ejecutivo Vince Gilligan.

Un poco de Historia:

En 1911, Usher Fellig pisó por primera vez tierra norteamericana.
Un funcionario de inmigraciones cambió en los papeles el foráneo nombre Usher por el más norteamericano Arthur. Tenía 11 años y hacía tres que su padre había emigrado de la localidad de Zloczew, Austria, para instalarse en el East Side. Con 15 años recién cumplidos, Arthur dejó la casa paterna.

En 1924 hizo su primer acercamiento con la fotografía: se empleó como retratista de niños en los parques y rápidamente fue contratado por un estudio donde escaló de cadete a camarógrafo.

El empleo como copiador que consiguió luego en The New York Times delineó su estilo fotográfico posterior.

De allí pasó a la agencia periodística Acme, se compró su cámara Speed Graphic 4 x 5 con flash y pasó de laboratorista a reportero de sucesos nocturnos.

Ya no era Arthur Fellig, todos los llamaban Weegee. Existen dos versiones a cerca del origen del seudónimo. Según una de ellas, Weegee es la versión fonética en inglés de Ouija, el tablero espiritisa que, se supone, predice sucesos.

Y Weegee, el fotógrafo, tenía la misteriosa capacidad de llegar a la escena del crimen unos segundos antes de que el crimen se concretase.

La otra versión se refiere al sonido que se escuchaba en su laboratorio cuando secaba con un trapo la superficie lisa de las copias fotográficas.

"¡Squeegee!, ¡Squeegee!", se escuchaba. Muchas veces, acompañaba a los reporteros para revelar y copiar los negativos en el Jugar del hecho. Otras, le tocaba a él tomar las fotografías. Como de mostró que podía hacerse cargo, le empezaron a encargar tareas en horarios y lugares marginales. Weegee parecía no asustarse ante nada.

Es más, comenzó a hacer su propio negocio paralelo, a vender sus fotos en forma independiente y a frecuentar los cuarteles policíacos, en busca de noticias de primera mano. Los cuarteles se convirtieron en su nueva sede de trabajo. el lugar donde la teletipo le indicaba qué hacer y adónde ir. Sólo debía sentarse a esperar a que la teletipo le señalara dónde estaba la noticia.
Ya en 1934,.sus relaciones con la policía de Manhattan le permitieron dejar los laboratorios y las redacciones. Los cuarteles se convirtieron en su nueva sede de trabajo. el lugar donde la teletipo le indicaba qué hacer y adónde ir. Sólo debía sentarse a esperar a que la teletipo le señalara dónde estaba la noticia. Esta fue la vida que hizo hasta 1947.

..."Empecé a trabajar por mi cuenta en los cuarteles de policía de Manhattan. Fui allí varias veces cuando trabajaba en Acme y pensé que era el lugar más lógico para establecer mi cuartel general. Allí estaba el centro nervioso de la ciudad que yo conocía y allí encontraría las fotos que andaba buscando" ***escribió Weegee en su autobiografía***.

Sus fuentes se ampliaron: bomberos, dueños de bares, encargados de cabarets, choferes de ambulancias que, por unos dólares, le conseguían buena información. Su estrategia de fotógrafo independiente se expandió aún más. Gracias a sus relaciones con la policía, en 1938 consiguió instalar en su Chevy marrón de dos puertas una radio de onda corta. Fue el primer fotógrafo en conseguir esa comodidad hasta entonces vedada a los civiles.

"Mi coche se convirtió en mi casa. Tenía dos asientos y una cajuela especial muy grande. Guardaba todo ahí: una cámara, bombillas, de magnesio, soportes adicionales, una máquina de escribir, botas de bombero, cajetillas de cigarros, salami, película infrarroja para fotografiar a oscuras, unifórmes, disfraces, una muda de ropa interior y zapatos, calcetines extras.

Ya no estaba atado a la teletipo de los cuarteles de policía. Tenía mis alas. Ya no tenía que esperar que el crimen viniera a mí; yo podía ir tras él. La radio era la línea de mi vida. Mi cámara -mi vida y mi amor- era mi lámpara
de Aladino."
Vestido con un traje gris arrugado y un sombrero de ala dispareja de la cual
colgaban tarjetas de identificación y acreditaciones de prensa, Weegee se convirtió rápidamente en Weegee The Famous (El Famoso) sus colegas lo admiraban y envidiaban.

Sus imágenes no sólo eran exclusivas e impactantes sino que además eran buenas,
eran ásperas, eran duras. Sus contactos y sus fuentes lo mantenían siempre al día. Su coche-casa le permitía moverse antes que al resto de los fotógrafos.
Su territorio era la ciudad entera. La máquina funcionaba a la perfección y a toda marcha.



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